El turismo internacional canalizado por alojamientos de corta duración está transformando la economía rural española. Según un informe de Afi (Analistas Financieros Internacionales), elaborado con datos oficiales, este modelo de alojamiento generó 5.563 millones de euros en gasto directo en municipios pequeños en 2024. De esa cifra, 3.200 millones se destinaron directamente al comercio local, la gastronomía y el ocio, convirtiéndose en una vía potente para revitalizar pueblos alejados de los grandes circuitos turísticos.
En concreto, más de 13 millones de viajeros eligieron alojarse en alquileres de corta duración ubicados en pueblos de menos de 10.000 habitantes. Este turismo no solo aporta riqueza, sino que favorece la descentralización del flujo de visitantes, al tiempo que promueve un contacto más directo y auténtico con la cultura local.
Gastronomía, protagonista del gasto turístico
Uno de los datos más reveladores del estudio es que la restauración y la oferta gastronómica son de los sectores más beneficiados por este tipo de turismo. Tanto visitantes nacionales como internacionales destinan una parte significativa de su presupuesto a degustar la cocina tradicional de cada zona. Sin embargo, los turistas nacionales gastan un porcentaje aún mayor en restaurantes y bares locales, consolidando la gastronomía como pilar del atractivo rural.
Por otro lado, los turistas extranjeros tienden a diversificar más su gasto, incluyendo además actividades culturales y de ocio. Esta tendencia favorece a pequeños productores, empresas familiares y profesionales autónomos vinculados al enoturismo, visitas guiadas, experiencias culinarias y artesanales.
Recomendaciones que alimentan la economía
Uno de los factores clave que explica este éxito es el papel de los anfitriones como promotores directos de la economía local. Según el informe, el 80% de los viajeros recibe sugerencias personalizadas sobre lugares donde comer, comprar productos locales o participar en actividades. Esta relación directa entre anfitrión y huésped convierte cada alojamiento en una plataforma de visibilidad para pequeños negocios.
Gracias a estas recomendaciones, muchos viajeros descubren restaurantes familiares, mercados de proximidad y bodegas locales que, de otro modo, pasarían desapercibidos. Así, se genera una cadena de valor corta y eficaz que impulsa la gastronomía y el comercio rural.
Turismo internacional: un motor aún por explotar
A pesar del gran impacto del turismo internacional, el estudio destaca que existe un amplio margen de crecimiento. Aunque su peso ha aumentado desde 2021, los pueblos muy rurales aún reciben menos turistas extranjeros en comparación con zonas urbanas o semiurbanas. En concreto, mientras los destinos más desarrollados han visto crecer un 170% su afluencia de turistas internacionales, en los pueblos más pequeños ese incremento ha sido del 78%.
Este dato subraya una oportunidad: diversificar la demanda internacional y atraer más visitantes del extranjero hacia pueblos con encanto, buena comida y una oferta cultural auténtica.
Un crecimiento que se traduce en empleo y dinamismo
El aumento del turismo en zonas rurales también tiene un impacto positivo directo en el empleo local. Según Afi, los municipios con oferta de alquiler de corta duración han experimentado un aumento del 4% en puestos de trabajo en sectores como la hostelería, el comercio minorista y los servicios culturales.
Además, en muchos casos, estos pueblos carecen de hoteles tradicionales. De hecho, el 75% de los municipios rurales no dispone de alojamiento hotelero, pero más de la mitad cuenta ya con al menos un alojamiento turístico de corta duración. Este modelo, más flexible y escalable, permite que localidades con menos de 1.000 habitantes participen por primera vez en el mercado turístico.
Una apuesta por el turismo sostenible y gastronómico
Contrario a lo que ocurre en zonas urbanas, el alquiler turístico rural no genera presión sobre la vivienda residencial. Representa solo el 0,6% del parque habitacional y se compone en su mayoría de segundas residencias o casas rurales rehabilitadas, muchas de ellas con amplias cocinas y espacios para grupos, lo que fomenta un turismo gastronómico en familia o con amigos.
Además, este tipo de alojamiento permite una experiencia más cercana al territorio, donde el visitante puede cocinar con ingredientes locales, visitar productores cercanos o participar en actividades como catas, talleres de pan artesanal o elaboración de quesos.
Recomendaciones para potenciar el impacto
El estudio propone una serie de medidas para fortalecer este modelo, como crear marcos normativos específicos para el alquiler de corta duración en zonas rurales, facilitar el registro de estos alojamientos y priorizarlos en ayudas para digitalización y sostenibilidad.
También se sugiere reconocer su papel como instrumento para dinamizar el tejido comercial y culinario de los pueblos. Esto permitiría fortalecer aún más el vínculo entre turismo y desarrollo económico local.
Un modelo con impacto real
Para muchos pueblos, este tipo de turismo no solo es una oportunidad, sino una vía realista para combatir la despoblación y dar visibilidad a su riqueza cultural y gastronómica. Como destaca Diego Vizcaíno, socio director del Área de Economía Aplicada de Afi, “el alquiler de corta duración activa redes comerciales, genera empleo y ofrece una alternativa económica sólida a localidades tradicionalmente olvidadas”.
Jaime Rodríguez de Santiago, director general de Airbnb Marketing Services, subraya que este modelo necesita una regulación que reconozca su valor específico en entornos rurales, muy diferente al contexto urbano. “Cada anfitrión se convierte en embajador de su tierra, de su cocina y de su comunidad”, afirma.

